23 de julio de 2016

Te amaré, mientras respire. Capítulo 3


Portada del Ebook


Capítulo 3
Quimioterapia

"La enormidad de la pérdida se percibe después, cuando uno ve salir el sol y se da cuenta de que ni ese día ni los que le restan de vida volverá a tener a su lado al ser al que amó". Neil Simon. «Rewrites: A Memoir»

Al mediodía, no aguanté más la curiosidad y me convertí en detective. Mi misión consistía en averiguar quién era la chica del libro y la razón por la que estaba hospitalizada. Me dirigí al área de Enfermería, llevando conmigo una bandeja llena de galletas de mantequilla que había comprado en la cafetería. Sabía que las enfermeras estarían almorzando, así que las acompañé durante un rato con la intención de interrogarlas entre bocado y bocado. Al final logré mi cometido, descubrí que la joven se llamaba Susana y que tenía Leucemia.

El tener un hermano que había muerto debido a un linfoma, y haber pasado parte de mi infancia y adolescencia asistiendo, casi a diario, a un hospital oncológico, me habían dado una buena idea de lo que era el “Cáncer”. Sin embargo, quería saber más, así que al caer la tarde, me encontraba en la biblioteca del área de hematología, buscando todos los libros que hablaban sobre el tema.

Los textos explican que la Leucemia es un cáncer hematológico, es decir "cáncer en la sangre". Es una enfermedad silenciosa, en la que no hay síntomas que permitan realizar un diagnostico a simple vista. Se produce cuando ciertas células que se vuelven cancerosas, se infiltran en la médula ósea e impiden la producción de las restantes células normales del organismo. El pronóstico dependerá del tipo de leucemia, la edad y otras circunstancias personales del paciente.

Cerré los libros y me fui directo al mostrador para tomarlos prestados. De camino a mi habitación, me encontré con la enfermera Clara.
—Oye Clara, hueles a Tutti Frutti —le dije en tono de broma.
—Ya te lo he explicado antes... es culpa del enjuague que uso para lavar el uniforme. A los niños de pediatría les encanta, dicen que es genial tener una enfermera que huele a chicle —replicó Clara con una amplia sonrisa.

Mientras hablábamos me quedé mirando, con detenimiento, la primera de las historias médicas que Clara llevaba entre sus brazos, en la carpeta se leía con claridad: Susana Fernández.
—Esa chica es un ángel —dijo Clara al notar mi curiosidad.
Le pregunté cuál era el tratamiento que le estaban suministrando.
—Quimioterapia —respondió con pesar en la voz.
Me estremecí al escuchar esa palabra. Los efectos secundarios que recordaba haber visto en mi hermano y en tantos otros pacientes del hospital eran terribles.
—Cada paciente reacciona de forma diferente —dijo Clara adivinando mis pensamientos—. Varía de acuerdo a los medicamentos, la dosis, y el tiempo durante el cual los tomen. No te preocupes, Susana es fuerte y no le va tan mal.
—Recuerdo haber visto a mi hermano Lorenzo sufrir demasiado —le dije con tristeza—. Se le cayó el cabello, perdió el apetito, tenía úlceras en la boca, náuseas, vómitos, trastornos digestivos, diarrea, y hasta estreñimiento. Además, soportaba frecuentes cambios de humor. El tratamiento le causaba inquietud, tristeza, desesperanza… lo que es comprensible. A veces un simple examen de sangre puede convertirse en algo estresante.
—Lo siento mucho —dijo Clara—. A pesar de todo, la “quimio” sigue siendo uno de los tratamientos más utilizados en la lucha contra el cáncer.
A nuestra conversación se unió el Dr. Dylan McGregor, un joven especialista, que iba de camino al laboratorio de Hematología.
—Llegas a tiempo Dylan, justo hablábamos sobre quimioterapia, tu mayor especialidad —dijo Clara.
—Es un tratamiento muy complejo. Procuramos darles a los pacientes la combinación perfecta de medicamentos que nos permita destruir las células cancerígenas que se dividen rápido en su organismo, pero no es tan fácil. Hay muchas otras células en el cuerpo que se dividen rápido y en consecuencia también se ven afectadas. Eso es lo que ocasiona los llamados "efectos secundarios" —dijo casi sin detenerse a respirar— También se pueden ver afectadas las células normales de la médula ósea, y cuando eso ocurre se produce un aumento en el riesgo de infecciones, cansancio, y facilidad para que se formen moretones en la piel o surjan hemorragias. Por eso en muchas películas podemos ver pacientes leucémicos a los que les sangra la nariz o sienten nauseas.
—Es por ello que la administramos en ciclos —complementó Clara—. Después de cada tratamiento, les damos un período de descanso para que su cuerpo se recupere. Es lo que yo llamaría "darles un respiro".

Llegamos a la puerta de mi habitación y el Dr. Dylan se despidió con un rápido movimiento de cabeza. Se dirigió al vestíbulo para tomar el ascensor y subir al área quirúrgica ubicada 2 pisos más arriba. Clara continuó su camino rumbo al Laboratorio. Yo me quedé reflexionando un poco, buscando más información en el móvil.

Esa noche no pude dormir bien. Soñé con Lorenzo y algunas escenas del pasado: nuestros paseos en bicicleta, las noches de navidad, los juegos de baloncesto y béisbol. Eso era lo único que me quedaba de él: recuerdos fragmentados. Odiaba cada vez que hablaban de él, de cosas que dijo o hizo, cosas que yo ya no podía recordar.
La novela completa está disponible en:

https://www.smashwords.com/books/view/586549


 


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